
No tienes que ser bueno.
No tienes que
andar de rodillas
durante cientos de kilómetros a través del desierto, arrepintiéndote.
Solo tienes que dejar al dulce animal de tu cuerpo
amar aquello que ama ...
Cuéntame tu desesperación y yo te contaré la mía.
Mientras tanto el mundo sigue girando.
El sol y los guijarros cristalinos de la lluvia
corren a través de los paisajes,
por las praderas y los árboles frondosos,
por las montañas y los ríos.
Y los gansos salvajes, que vuelan alto
en el aire luminoso y claro
vuelven nuevamente a casa.
Seas quien seas, por muy solo que te sientas
el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como lo hacen los gansos salvajes,
con su grito duro y provocador
comunicándote una y otra vez
tu sitio en la familia de las cosas.
Mary Oliver









